La Reja

by

Fue en la inspección submarina de la malacosa playa de  La Reja-un refugio marino  sitiado por cuevas naturales y una reja de metal que separa a los bañistas por clases sociales- donde recogí unos salvajes ejemplares de fauna marina que cortaban con sus filosas tenazas la red de pescar que extendí en el agua picada. Colectados los “crustaceos”,  pasé por sus antenas un cordel de pescar caliente  que resultó en un   hermoso collar de cangrejos vivos que hacían sonar sus filosas tijeras  alrededor de  mi cuello salado haciendo mucho ruido y calando mi piel hasta las heridas.  Mientras ellos zurcían barrotes sobre mi epidermis,  recordé por asociación y sorpresa, mientras volvía por el camino de la playa hacia la pensión del Aromito,  las  conversaciones alturadas que flotaban en la mente acuosa  de hace 14 años y  me conducían por un sendero  faite de la calle Cochrane en el centro del Callao detrás de una reja de mercado , conversaciones serias para mi espíritu aprendiz, charlas gruesas de asaltantes de puerto y bultos de madrugada que se escondían debajo de las tapas de desagüe,  de baile con discusión y cuello dispuesto, plomazo entre vaporinos y oilers, boletos  de muerto con falso al amanecer en el rumbo  de la adivinación y la brujería  porteña, la desconfianza del pintao y del charly contra el rencor del trinchudo que reclamaba su lugar en el puerto choro, la angustia de la madre  chalaca castradora  y la espera de malas noticias,  el desprecio por la vida del hijo ladrón , el cuerpo  baleado del semejante, el cerebro del Callao gobernado por la vaina.

 Estas conversaciones  antiguas me trasladaban por una máquina del tiempo boba, hacia años remotos e indescifrables cuando me fue presentado a muy temprana edad por un pariente ahora perdido,  el genial viejo Federico Mutis, célebre guardián del mercado central del Callao. Llave principal. Cunda discreto, siempre de camisa diamantada y léxico picante.  En su época de ser había llegado a  boxeador profesional de barrio, noqueador de quijada fuerte,  partidor de almas, valiente, un recio estibador del TMC.  Era ágil y aguerrido como todos los de su especie a la hora de circular la chaveta y hundir el frío metal en la carne, dejó sus mejores años  entre la cárcel y el muelle, viviendo del laburo atracador y desaduanado, primero con grúa, luego con pato, reunía al final de la jornada ganancias excesivas de los buques mercantes que en la mayoría de casos dejaban un “solidario” óbolo en sus  bolsillos.  Don “Fefefifo” y su corte  de galifardos,  puntos y contrapuntos, siempre ganaban precio en la balanza de la vida.

Yo, anduve un  tiempo de larga soledad frecuentando a estos viejos amigos que de alguna manera me acercaban  tercamente al recuerdo de mi pariente perdido hace poco tiempo, iba planchando a diario las calles del centro del Callao con botas de obrero americano, perdonando la envidia de los lacras que aguaitaban siempre el buen vestir y el andar “limpio”, rozando los hombros como zombi  de los seres oscuros  del Callao nocturno. Estas conversaciones del final de la tarde  que  procuraba siempre escuchar y recordar, se producían apenas cerradas las   grandes puertas del  mercado. Durante esos años contradictorios logré acumular valiosa información sobre la historia del corazón del Callao antiguo, que luego fue escrita en un diario como este, sobre mi amistad con  los  viejos vigilantes nocturnos, patrimonio ahora extinto del antiguo Mercado Central del Callao, personas misteriosas  en su vestimenta afranelada con desprecio por la moda, una facha “necesaria” para soportar el intenso frío de la madrugada. Ellos eran poseedores de una  imaginación sorprendente y creativa para la narración oral de la magia porteña y el contrapunto de noticias fúnebres; estos señores  siempre departían desde su cómodo puesto de vigía que era un sillón despanzurrado que alistaban para iniciar los monólogos, yo desde  afuera  del mercado asistía como un invitado y saludaba del otro lado de la reja, a veces llevaba un lonche o a veces les alcanzaba cigarros  por entre los barrotes a estos sabios nocturnos: Mutis García, Prada y Marín, quienes soltaban  espontáneas y profundas charlas  sobre la estampa de los chalacos de antes y sus tradiciones perdidas, sabían historias muy antiguas que provenían de la época cuando se construyó el mercado, sobre los desfalcos millonarios en la Tesorería del recinto con el cuento del plomo y las balanzas des- calibradas de los carniceros, la famosa tragedia del cargador de bultos Tomás Tapia, un estibador puneño quien  tuvo la mala fortuna de ser atrapado, en la cámara frigorífica mientras “colgaba” una res, por un mal viento o una mano siniestra que selló la puerta de acero y lo  sentenció a morir congelado, pues ni ellos, los vigilantes nocturnos  pudieron escuchar los gritos de frío del recio cargador esa madrugada. Sus conversaciones eran extensas y con datos precisos sobre fechas, locaciones, horas del día y descripción de “rostros señalados” de los principales de sus historias.  Siempre eran los mismos temas pesimistas, la misma chola pero con otro forro, muertes imprevistas y heroicas, inmensas plagas de ratas e insectos que brincaban toda la noche  sobre  los alimentos  que serían rematados al día siguiente al público, las tétricas “penas” o apariciones de almitas, frecuentes en la zona de los pescadores y marisqueros, y algunos otros temas  de fantasía correspondientes al Callao antiguo , perfectamente narrados por ellos, historias  que en ese momento deslumbraban mi imaginación de adolescente y que continuaré recordando.

Abrí la reja y salí…

Advertisement

5 comentarios para “La Reja”

  1. Miguel ngel Coletti Dice:

    excelente informacion bien detallada sobre nuestro antiguo Callao,q buena publicacion sobre la Reja,siga escribiendo la segunda parte para poder enterarnos la historia de nuestro Callao querido, felicitaciones al gran escritor chalaco Miguel Angel Coletti x tan buenos recuerdos.

  2. Anubis Dice:

    Barroco, prosa ruda y lírica, buena narración.

  3. VICTOR FERNANDO SOTELO CANALES Dice:

    Esta bien detallado y tu pluma mi querido Coletti es reconocible, siempre agi,l bien descriptiva y explicita, y sobre todo una lectura ligera.

  4. Nancy Tanaka Dice:

    Me agrada este comentario, Miguel te felicito. Primera vez que leo este blog y me parece muy detallista, pero a la vez conciso dejas muy clara tu expresion. Felicidades.

  5. madrepora Dice:

    excelente y cargado de realidad el relato chalaco que estremece con su sonido de pólvora, su viento pacífico y la salsa que cae guanera desde el cielo… salve

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.