CARNE PARA EL DEPREDADOR por Miguel Coletti

maiceloTodavía recuerdo el día que conocimos al “depredador” Johnatan Maicelo en el centro del Callao. Nos encontrábamos con mi amigo Perrín disfrutando del domingo arrabalero y de varias Pilsen que hacían nuestra conversación más alturada (por el timbre de nuestras voces y los rugidos del mar cercano que se agrandaban). Y a cada rato chin pum esto, chin pum el otro. Callao, Callao, Callao. Perrín que es dealer de  crucero, estaba orgulloso de su tierra y así lo manifestaba.

 Apareció por la esquina roja de  mi barrio (el barrio# 2 ), por el medio de la pista- así caminaba Jonathan cada vez que ingresaba a los barracones a visitar a sus familiares. Perrín fue el primero en divisarlo. ¡Mira ese rasta¡, me dijo, y divisé a lo lejos al depredador, balanceándose entre las combis de la Venezuela, como  achorándose para el combate  final en  los  barracones. Lo saludamos y de frente golpeamos:

-Causa, ayer te vimos en la tele, estabas entrenando con A. J. (antes que ella le destroce la cara a alguien y se vaya a Canadá) en la escuela de box del  Telmo Carbajo.

-Salud primo, dijo perrín de inmediato, al ver que la conversación progresaba.

-Yo no tomo primo, soy más sano que una ensalada de frutas.

-Y tú, ¿tienes pasaporte, tienes visa  en rugia para entrar sin que te roben, y a esta hora(solo recuerdo que era de noche), y con esos dreads en la cabeza causa?

-Es mi barrio primo.

 Disparamos:

– ¿Cómo es eso que a tu abuela no le gustaba que te metas a la mar brava de chibolo?

-No le gustaba. Me noqueaba si lo hacía. Incluso cuando no me creía me lamía la piel para comprobarlo.

-¿Y del barrio, conoces a perrón? (Perrín sonreía)

-A todos los perrones.

-¿A conejo?

-A todos los conejos.

-¿A quién no conoces?

-A ti. Mucho gusto barrio.

Luego de ese breve interrogatorio al depredador y de las risas que estallaron, nos dejó la imagen de un chalaco ganador, que no se amilana ni siquiera ante la posibilidad de ser campeón mundial de su categoría. Y lo dice desde ahora, como Nostradamus, vaticinador. Así sea (amen).

Antes de partir le entregamos el numero 3 de la revista manofalsa, otros seres asesinos del mar,  analizó  el plegable y prometió que la pegaría en su habitación. Chévere mi causa.  

El depredador se alejó como un pequeño barco entre el cordón de luces de la mar brava. Los barracones (allí donde aprendió a pelear) lo cubrieron con su niebla, y desapareció, hasta el día de la pelea.

¡Chin pum depredador¡

Anuncios